¿Hubo un castillo en Sunchales?

El 20 de octubre de 1877 partió desde Bordeaux, Francia, hacia Buenos Aires el viajero francés Romain D´Aurignac. A bordo del “Senegal” (un barco mensajería) recorrió un largo trayecto hasta arrivar a su destino, pasando por las costas de Vigo, Lisboa, Dakar, Pernambuco, Bahía y Montevideo.
Ya en Buenos Aires viajó hacia Rosario y desde allí hacia Santa Fe. Recorrió Cayastá y San Javier y se dirigió luego hacia algunas de las colonias agrícolas. Pocos lugares deslumbraron a D´Aurignac como las colonias de “las pampas”, con sus magníficos paisajes y sus arboledas, que permitían al contingente descansar de los rayos solares.
Describió en su relato la prosperidad de las colonias de San Carlos, San Gerónimo, Esperanza y Humboldt y, en contraposición, el desértico paraje que encontró al arrivar a la colonia de Los Sunchales. Pocos años antes -señalaron al viajero francés sus compañeros de viaje- un caballero belga de nombre Carlos de Mot había tratado, sin éxito, de colonizar la región. De Mot se había comportado como un tirano y un mal administrador, malgastando los recursos que se le habían asignado para la colonia y dilapidando el dinero en la construcción de un castillo. 

Este último punto llamó la atención del viajero francés, quien no imaginaba que hubiese existido un castillo feudal por esos rumbos. D´Aurignac visitó las ruinas del castillo y tomó notas detalladas de lo que sus compañeros de viaje le contaron sobre el mismo. Al retornar a Francia plasmó sus notas en el libro Trois ans chez les Argentins, muy empleado actualmente por los historiadores que buscan detalles sobre la realidad santafesina hacia finales del siglo XIX. 

                                                            Libro de Romain D'Aurignac

En el capítulo VII de su obra D´Aurignac relató aquello que había oído sobre de Mot y sobre su castillo: 

Para comenzar, hace elevar en la planicie un magnífico castillo feudal con torres, fosos, puente levadizo, triple cerco. Tras el primero, reúne los grupos de maestros, carpinteros, ebanistas, herreros, etc. Los talleres están adosados al muro; después se encuentran los alojamientos de la familia, con piso cubierto de ladrillos que forman a su vez un camino de ronda, donde pueden circular las patrullas. Dos piezas de cañón defienden la gran puerta. Tras el segundo cerco, se encuentran las casillas destinadas a la tropa de guardia en la colonia. En el medio se eleva el castillo, coronado por sus altas torres.
Un camino elevado permite a los carruajes llegar a la base de la escalera. Lamothe cuenta en efecto con carruajes de lujo traídos de París. Más este lujo no le habrá de durar mucho tiempo.
Los pintores decoradores son traídos al desierto con gran costo para la ornamentación del castillo.[1] 

Detengámonos en este punto. El viajero francés nunca vió la mansión de de Mot durante su etapa de esplendor. Al llegar a la colonia sólo se encontró con sus ruinas y se basó, para la descripción de la edificación, en los relatos de algunos de sus compañeros de viaje. Por otra parte, los historiadores que analizaron la obra de D´Aurignac la presentan como un compendio de informaciones reales y productos de la imaginación del autor. No dudó en transcribir en su obra relatos que había escuchado durante su viaje sin corroborar su sustento fáctico ni su exactitud. 

A esto debemos agregarle el hecho de que la obra en la que D´Aurignac plasmó sus experiencias fue ilustrada por el pintor francés Edouard Riou. Célebre en su época por haber ilustrado algunas de las mas exitosas obras de Julio Verne, Riou provenía del campo de las novelas de aventuras y fantasías. No había visto jamás un boceto o una fotografía sobre el “castillo” que pintó, y que hoy se encuentra en muchas obras de historia regional. 

                                    Edouard Riou, ilustrador del libro de D'Aurignac

                             Castillo que Riou ilustró a partir del relato de D'Aurignac

El inspector de colonias Guillermo Wilcken, que visitó Los Sunchales durante la gestión de de Mot, describió el hogar de éste último como una edificación de dos pisos, que erróneamente era conocida como un “palacio”. A diferencia de D´Aurignac, Wilcken visitó la colonia cuando la mansión de de Mot aún estaba en pie y pudo observar con mayor detenimiento sus características.

 Evidentemente se trataba de una casa de gran suntuosidad y de un tamaño mayor al de las edificaciones que se encontraban en las colonias. De hecho, su construcción fue uno de los destinos de los fondos que de Mot debía invertir en la colonia. Esto no basta para afirmar que se trataba de un castillo y menos de un castillo feudal. Como pudimos ver fue D´Aurignac, un viajero que nunca vio la mansión quién la designó de esa forma. Por el relato de Wilcken se deduce que no se trataba de una fortaleza, sino mas bien de una casa suntuosa y de grandes proporciones. Por otra parte, el calificativo “feudal” nunca podría ser aplicado al caso de la colonia durante la gestión de de Mot. El feudalismo implica relaciones de servidumbre y de vasallaje que no existían en este caso. Los colonos no eran siervos de de Mot, y podían irse de la colonia cuando lo deseasen (de hecho la abandonaron masivamente hacia 1972).

Para finalizar este artículo les dejo algunas de las ilustraciones realizadas por Edouard Riou para los libros de Julio Verne:

Los hijos del capitán Grant     Veinte mil leguas de viaje 
                     submarino

                            Cinco semanas en globo          Viaje al centro de la
                                                                          tierra



[1] - D´Aurignac, Romain - Trois ans chez les Argentins, en: Minniti, Edgardo, "Una revolución agrícola. Relación documentada de la inmigración santafesina y un caso de incendios, saqueo y corrupción en Colonia Sunchales", 2005

Agradezco a Edgardo Minniti por la información que me brindó sobre la mansión de de Mot y sobre las crónicas que la describen. Este artículo no hubiese sido posible sin esa invaluable información.

Gervasio Frugoni Zabala

23/02/2011